BIBLIOGRAFÍA:

EPHEMERIDES: 1999, p. 258-262

Archivo Provincial TD, CC:0409; 0513; 0518; 0534; 0537/0614; 0635; 0688; 0780-8016; 0833-0848; 0960; 0964; 0969; 102-1022.

DATOS BIOGRÁFICOS

El P. Nicolás nació en el pueblecito de Cilleruelo de Bricia.  Hoy en lamentable recesión, sólo tiene 30 habitantes, Cilleruelo de Bricia se gloría de contar en su historia la de 16 escolapios. Dos han destacado sobre los demás, y le han dado a conocer por la geografía universal de las Escuelas Pías: El Beato P. Alfredo Parte, y el P. Nicolás Díaz, Provincial de la 3ª Demarcación escolapia de España. 

A los trece años, después de recibir la bendición de su madre Florentina, su padre, Jacinto,  lo llevó al ir al Aspirantado existente en el Colegio de Getafe (Madrid). Al año siguiente, después de dos años de Aspirantado, fue admitido al hábito, que recibió en 1949. Al año de noviciado, emitió los votos simples en 1950, de manos del P. Provincial, Agustín Turiel. Con todos los demás del curso, se trasladó al Monasterio de Irache (Navarra), para cursar  estudios de Filosofía, y otros. En esta segunda etapa de vida escolapia fue su Maestro de Juniores el P. Rafael Pérez Azpeitia. Al cabo de dos años en aquel antiguo monasterio, por deseo del Vicario General, P. José Olea Montes, se trasladó a Salamanca, para que pudiera hacer los estudios de Teología en la Universidad Pontificia. Hizo su profesión de votos solemnes en 1956; y,  terminados sus estudios de Teología en 1957, en los que se licenció, se ordenó de sacerdote ese mismo año. A este título universitario, fue añadiendo sucesivamente los de Auxiliar en Matemáticas, Física y Química (1958); Diplomado en Lengua Francesa por la Alianza Francesa de París (1962), y el de Maestro Nacional en la Escuela Normal de Santander (1971).

Habían pasado diez años desde que fue a Getafe como aspirante a escolapio, y he aquí que vuelve al mismo Aspirantado, en el que permaneció como Director, desde 1962 a 1964. En ese suceder de años y cargos, el P. Provincial, Agustín Turiel,  lo nombró Maestro de Novicios. Ascendía en responsabilidad, y descendía materialmente, pues el Noviciado se encontraba  en el piso inferior de la misma casa de Getafe. Sin embargo,  él subía y bajaba sin cesar,  ya que continuaba ayudando  en el  Aspirantado, que ahora estaba dirigido por el P. Manuel Delgado Montoto. Era también Asistente con el Provincial, P. Juan Pérez. En medio de esos trabajos de responsabilidad,  aún le quedaba tiempo para estudiar Armonía en el Conservatorio de Madrid. Estuvo en Getafe hasta 1968. Con ese mismo cargo de Maestro de Novicios, y con los novicios de Castilla, continuó durante dos años más de Maestro de Novicios en Peralta de la Sal (1968-1970). Después aquel paréntesis de retiro en Peralta, aún estuvo otro año parecido en el Colegio de Tafalla, también de Maestro de novicios. Entre los años 1971-1974 desempeñó el cargo de Rector del Colegio de La Coruña. A él se debió la creación de Asociación de Padres de alumnos, y la apertura del llamado InterCOU, formado por alumnos de nuestro colegio y del de las Religiosas Josefinas. Al terminar su mandato en La Coruña, el Provincial, P. Laureano Suárez, es nombrado Asistente de Pastoral. La ayuda que el P. Nicolás prestó a los colegios de Castilla en ese cargo, sobre todo enviando  material escogido para los tiempos litúrgicos y campañas religiosas entre los alumnos fue reconocida y agradecida por todos los religiosos que en aquellos momentos trabajaban en la pastoral juvenil.

Con ese historial calasancio, no era de extrañar que en el Capítulo Provincial de 1979 fuera él mismo fuera elegido Provincial, cargo en el que siguió implicándose a fondo en la marcha religiosa, educativa e intelectual de los colegios. Finalizado su Provincialato en 1985, el P. Nicolás continuó como Asistente de pastoral, con el nuevo Provincial, P. Manuel Delgado Montoto, y ejerciendo la enseñanza de la Religión en el Colegio de Getafe, del que fue nombrado Rector del en  1990. Pero no pudo terminar allí el trienio de su nombramiento, porque la terrible enfermedad que le asaltó, le obligó a buscar la ayuda de los hermanos escolapios en la Residencia Gaztambide, 65, de Madrid, donde murió, dejando a los Religiosos un ejemplo admirable de resignación y fe profundas.

Valeriano Rodríguez Saiz