BIBLIOGRAFÍA:

I. DÍAZ, Colegio de PP. Escolapios de Villacarriedo, pp.313, 320, 321, 322, Reinosa 1924;
F. VESGA, Hª del Real Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando, p 165, Madrid 1928;
M. RODRÍGUEZ, Colegio de San Antón de Madrid, (mecanografiado), II, pp. 600, 738, 742 Madrid 1953;
DENES, Diccionario Enciclopédico Escolapio, II, p. 410, Salamanca 1983;
A.M. RODRÍGUEZ, Escuelas Pías de Getafe, (mecano-grafiado),  II, pp. 84, 199-204, 208-210, 505, 507, Getafe1978;
J.A. CARMONA: El Real Colegio de Escuelas Pías de San Antonio Abad, p. 159,  Madrid, 2004;

Archivo Provincial TD, 0157; 0160; 0220; 0525; 0526.  

DATOS BIOGRÁFICOS


Vistió el hábito escolapio en 1850. Profesó en 1852. En el Colegio de San Fernando cursó los estudios superiores y sacerdotales de Filosofía y Teología, y se ordenó sacerdote en 1859.

Continuó en el Colegio, y en 1855 se inició en la enseñanza primaria, los rudimentos de la lengua latina, y dirección de internos, hasta el curso de 1859. De 1860 a 1870 estuvo en el Colegio de Getafe, impartiendo las mismas clases, más la de Física.

Enviado a Alcalá de Henares, le encomendaron el cuidado de aquel internado, y de explicar sus clases preferidas. Estuvo hasta 1879, año  en que fue nombrado Rector de Villacarriedo,  donde trabajó con ilusión en la elevación educativa de aquel ya prestigioso colegio hasta 1890.

Fue elegido provincial por primera vez en 1890, y reelegido en sucesivos Capítulos Provinciales, cargo en el que permaneció hasta 1899. Durante su gobierno se abrió el Colegio de Bilbao (1893). En 1901-1906 aparece en el  Colegio de San Antón, como Vicerrector, Asistente Provincial, Vicario Provincial en la ausencia del Provincial, que acudió al Capitulo de Roma, y Asistente del Vicario General por Castilla (1912). Y aún le quedaba tiempo el P. Marcelino de dirigir un coro musical de niños externos, para los que también compuso un volumen de música.  

Pero el dolor, un dolor profundo, llamó a su puerta. Sus últimos años los vivió ciego y casi paralítico. Esta dura situación personal la aceptó de la mano del Señor, quien le premió con una vida escolapia, bien colmada de piedad, de letras y de años. Buen imitador de S. José de Calasanz, a quien igualó en años de vida.

Valeriano Rodríguez Saiz