Buenos días a todos los presentes y gracias por vuestra presencia y por vuestra disponibilidad para esta misión de “cooperadores de la verdad”.

  • Como habéis podido saber, regreso a España tras diez años fuera. No es mucho tiempo, pero el suficiente para alimentar algunas perspectivas diferentes y, por otra parte, tener que “aterrizar”. Desde esta circunstancia quisiera apuntar tres breves reflexiones que me vienen a la mente:
    He querido recordar el término calasancio de “Cooperadores de la verdad” para hablar de nuestra misión educadora porque creo que es importante creer en la verdad, si queremos educar. Habría tanto que decir sobre esta expresión… pero no es momento ahora. Subrayar únicamente que la verdad, especialmente en su dimensión de autoridad moral (coherencia, amor al alumno…) y de contacto con la realidad, es la principal educadora. Y subrayar que son tiempos difíciles para el diálogo: cuando se pasa de cuestionar el sentido de la verdad a negarla –como la zorra que ve las uvas verdes porque no puede poseerlas- entonces el diálogo, que es comunicación, búsqueda y escucha, pierde sentido y sólo queda la defensa de intereses disfrazada de ideología, donde nadie escucha, nadie busca, sólo quedan las estrategias y el márketing. Ser cooperadores de la verdad es hoy todo un lujo de humildad y de posibilidades.

 

  • La segunda reflexión que me viene es en torno a otra expresión escolapia: “Piedad y Letras”. Una de las “heridas sociales” de occidente es su intelectualismo. La maravillosa capacidad de abstracción que tenemos y de reflexión deriva frecuentemente en intelectualismo. Pensar que el mundo de las ideas es el de la realidad. Quizás por ello acuñamos, sin cuestionarlo demasiado, la expresión Fe y Cultura como adaptación de nuestro lema. Sin quitarle valor, no deja de ser parcial. El diálogo entre Fe y Cultura queda fácilmente reducido al mundo de las ideas, por valiosas que sean. La Piedad, en cambio, es el amor comprometido con aquél y aquéllos a los que de algún modo pertenecemos. Es, en consecuencia, contacto real que incorpora pensamiento, sentimiento, energía, actividad, transformación… Pueden pertenecer a la piedad todos nuestros ámbitos de acción, pero particularmente la acción evangelizadora y la acción social. Ahora bien, para nosotros el primer lugar en el que vivir este amor comprometido es la comunidad educativa en todas sus relaciones. Todo un desafío.

 

  • Finalmente, deciros una palabra diferente a las habituales: “Sinergia”. Unir nuestras fuerzas, nuestras acciones. La percepción que me viene al aterrizar es que en este tiempo la burocracia y control de las administraciones no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado. La visión exageradamente analítica de la educación tiende a parcelar contenidos y acciones, aunque se revista luego de un lenguaje holístico casi imposible de aterrizar. Hace poco escuché que la directora de una escuela italiana con los mejores resultados atribuía el éxito a dos factores: que la comunidad educativa fuera realmente comunidad, y que se pusieran de acuerdo en los mínimos básicos y desde ellos –conociendo cada cual lo que hacen sus compañeros de nivel, y los precedentes y siguientes- se compartían mejor los esfuerzos. Pienso que en el futuro son muchas las posibilidades de reforzarnos unos a otros, aunque el camino pueda ser lento, y podemos no sólo “ahorrar energías” sino “encontrarnos” y encontrarnos bien. Poco a poco.

Gracias, de nuevo, por estar aquí. Que estos dos días sean ocasión de encuentro.