"El ROSTRO despertó el año pasado inquietudes adormecidas"

 

 

 

 

 

...y, sobre todo, mucha vida y muchas ganas de encontrarse en torno al carisma escolapio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Santi Casanova y Esther Morales)

Mover una familia de 5 miembros no es fácil. Menos aún cuando tres de esos miembros tienen menos de 7 de años y menos aún cuando uno de ellos ni siquiera alcanza los 6 meses de vida pero pensamos que merecía la pena intentarlo. El ROSTRO despertó el año pasado inquietudes adormecidas y pensamos que Zaragoza sería un parámetro más en este discernimiento ya comenzado de hecho sobre la pertenencia a una Fraternidad provincial.

No fuimos muchos de la Tercera Demarcación. Eladio, Guillermo y Germán en un coche y la familia Casanova-Morales en otro. Salimos de Madrid separados pero unimos nuestros destinos viajeros pasado Guadalajara. Las frecuentes obras en la A-2 dificultaron un poco el trayecto pero poco después de contemplar los quijotescos molinos de viento del siglo XXI que pueblan el horizonte de La Muela hacíamos ya la entrada en Zaragoza para llegar poquito después al inmenso colegio Cristo Rey de los escolapios de Aragón.

La acogida y el recibimiento fueron muy calurosos por parte de los miembros de la Fraternidad de Betania (fraternidad de la provincia de Aragón) y pronto estábamos cenando tras acomodarnos en nuestras respectivas habitaciones. El viaje había sido duro y tras una pequeña oración procedimos a descansar.

La mañana del sábado contempló la llegada del grueso de los asistentes. Personas venidas de Bilbao, Vitoria, Sevilla, Valencia, Tafalla… fueron llenando los espacios con coches, niños, guitarras, presencias y, sobre todo, mucha vida y muchas ganas de encontrarse en torno al carisma escolapio. También llegaron Pedro Aguado, General de los Escolapios, Javier Negro, Provincial de Aragón, Daniel Hallado, nuestro Provincial, Juan Mari Puig, provincial de Vasconia… A las 11:00 estábamos convocados para la bienvenida y para la charla de Pedro Aguado sobre la propuesta de una Fraternidad General. Los niños se fueron a su “guardería” y los mayores empezamos a juntarnos, charlar, conocernos muchos, saludarse otros… 

Tras las palabras de bienvenida de Javier Negro, se presentó un poco la Fraternidad Betania de Aragón. Nos contaron cuántos eran, cómo vivían, qué soñaban, qué dificultades encontraban… y nos permitieron acercarnos a ellos y hacerlos un poco más nuestros.  Luego empezó Pedro y, como es habitual, su energía y su claridad nos impregnaron. El sueño de las Fraternidades va dando pasos y la Fraternidad General es un paso más.

Después de comer tuvimos un momento también muy especial en este fin de semana: la gente de Valencia y la gente de la Tercera Demarcación buscamos un rato para juntarnos, para conocernos, para empezar a fijar caras, nombres, voces, sueños y realidades… en este camino que nos llevará a trabajar juntos. Fue un rato corto pero creo que significativo, provechoso e ilusionante. Hay sintonía y muchas ganas de seguir dando pasos en el compartir vida, fe y carisma escolapio.  Y luego llegaron los talleres, el rato de trabajo en común para sacar propuestas y conocer las realidades y el estado actual de las diferentes Fraternidades… ¡Y la merienda en el patio! ¡Los niños se lo estaban pasando pipa! Y en nada cogimos dos autocares y nos fuimos de visita al Museo Diocesano, al ladito del Pilar. El lugar estaba en plena ebullición. Entre la #spanishrevolution, las bodas, las comuniones, el turismo… Todo seguía su curso y misteriosamente la vida fluía con fuerza en cada rincón, en cada momento…  El museo fue un éxito hasta para los niños, que lo disfrutaron como enanos y abrió hambre para la cena que ya nos esperaba en la mesa al llegar. ¡Y por la noche bailes, dulzainas y divertimento! Broche de oro para un gran día…

El domingo estaba centrado en la eucaristía compartida que daba sentido a la convocatoria y a todo el trabajo del fin de semana. Pero antes Javier Aguirregabiria nos presentó la situación actual de todas las Fraternidades del mundo escolapio y cómo será bueno incrementar nuestro enredo mutuo para ir tejiendo más vida, ir soñando más juntos en torno a Calasanz y su misión. ¡Y luego llegó la celebración! Con los niños y sus ofrendas, sus canciones…

El camino de vuelta siempre es ocasión para valorar, degustar y rumiar todo lo vivido. Los cinco volvíamos contentos, satisfechos, felices y con muchas ganas de seguir soñando y construyendo esos sueños. Pese a que todavía estamos “camino a…” nunca nos sentimos fuera, raros, sobrantes… más bien al contrario. Valió la pena. Vale la pena. Así nos lo dicta el corazón.

Un abrazo fraterno y hasta la próxima.