Quizás tú también reces todas las mañanas, después de haber trazado sobre tu persona la señal de la cruz, la oración de san Ambrosio: Oh, Señora mía! Oh,  Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a Vos. Y en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra TODO MI SER. Ya que soy TODO VUESTRO, oh Madre de bondad!,  guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.
Yo lo hago todas las mañanas, aunque no sé cuándo comencé ni quién me la enseñó. Por la noche en cambio, además de las Completas,  mi oración es “trinitaria”, que quizás tú también conozcas: Eterno Padre, os ofrezco el sagrado Corazón de Jesús con todo su amor, sus sufrimientos y sus méritos:  para expiar los pecados que he cometido hoy y durante toda mi vida(Gloria al Padre…), para purificar el bien que he hecho hoy y durante toda mi vida (Gloria al Padre…), para suplir el bien que por negligencia no he hecho hoy y durante toda mi vida (Gloria al Padre).  

                        Se dice y quizás con razón que fue esta oración, la de san Ambrosio,  la que llevó al ahora Beato Papa Juan Pablo II a elegir el lema de su programa de vida TOTUS TUUS,  que durante 25 años hemos estado leyendo, escuchando o  al menos oyendo. No resultaría extraño que algo de esto hubiera quedado en nuestra vida espiritual, en nuestras devociones y amor a la Virgen María. Ciertamente “por Ella a Jesús”, que puede ser completado por la afirmación y realidad “por Jesús a María”.

Conviene también recordar,  por cuanto se refiere al lema “Cooperator veritatis” del Papa Benedicto XVI, la respuesta que dió el Papa Juan Pablo II cuando Frossard le preguntó: “Santo Padre, si de todo el Evangelio tuviera que elegir una sola frase, ¿cual sería? El Papa, después de unos momentos de pensar  e interiorización, respondió:”Veritas liberabit vos” (Jn. 8, 32: la verdad os hará libres). Si se piensa un poquito, quizás se pueda decir que esta expresión  evangélica fue el alma y el motor de su Pontificado y de su vida, juntamente con el “Totus tuus”.

                        Cuando monseñor Asesor de la Secretaría de Estado (se llama Gabriel y por tanto pertenece al número de los arcángeles como yo; ahora es ya Nuncio Apostólico), en la visita que le hice en los primeros días del mes de julio de 2005, me entregó una bellísima fotografía  con el escudo del Papa Benedicto XVI, pensé en seguida que estaría explicitado en la misma  el lema del Papa:

Cooperator veritatis.

Había leído en efecto hacía poco tiempo con alegría y gozo, por mi condición de escolapio, que ese era su lema de arzobispo, luego de cardenal y Papa, con algún que otro retoque requerido por la realidad ministerial propia. Tanto el escudo  como el lema señalan cuanto sin duda puede ser considerado como el programa de vida del Papa. Recordemos la afirmación de Jesucristo, que tantas  veces hemos oído y quizás escuchado : Yo soy el camino, la verdad y la vida”, que algunos prefieren leer: Yo soy el camino porque soy la verdad y la vida.

Y  es que el lema del Papa “Cooperator veritatis” además de ser fundamentalmente evangélico es muy calasancio y escolapio. Expresa la vocación y misión del seguidor de Calasanz, quien sin duda no pudo no ser iluminado por el evangelio, palabra de Dios, en su elección.

San José de Calasanz (1557-1648) escribió en latín,  en la soledad de  Narni, Italia,  (del 31 octubre 1620 al 17 febrero 1621), las Constituciones para la Congregación “Paulina” (de Paulo V) de Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, que fueron aprobadas por Gregorio XVI el 31 de enero de 1622 a la vez que éste elevaba la Congregación Paulina al grado de Religión de Clérigos Regulares.

El número 3 de estas Constituciones dice textualmente: ”…quibus nos idoneos veritatis cooperatores efficiat…” (“medios necesarios, que nos transformen en dignos cooperadores de la Verdad”). De Dios recibimos y a Dios y al prójimo va dirigida la entrega y servicio  del escolapio. Reza así el número 345, el último de las Constituciones: Ad Omnipotentis Dei gloriam et proximorum utilitatem”(“para gloria de Dios Omnipotente y utilidad del prójimo”). Posteriormente la primera parte pasará a decir “Ad maius pietatis incrementum et proximorum utilitatem”, que los escolapios expresan con las siglas “A.M.P.I.”.

La letra y el espíritu “carismático” de las Constituciones quedará reflejado en la misa y en la liturgia de las horas propias de los escolapios así como en las oraciones de cada día.  Un ejemplo: “Señor Dios nuestro, que has enriquecido a san José de Calasanz  con la caridad y la paciencia, para que pudiera entregarse sin descanso a la formación humana y cristiana de los niños, concédenos, te rogamos, imitar en su servicio a la verdad al que veneramos hoy como maestro de sabiduría”. Y la oración postcomunión de la misa del santo dice: “Santificados por el misterio de la salvación, te pedimos, Señor, que cooperemos siempre al mayor incremento de la piedad”.

Hablando de “Cooperadores de la Verdad”, no se puede dejar de mencionar a las Religiosas de las Escuelas Pías, Hijas de María (conocidas como “Escolapias”), que no fueron fundadas por Calasanz sino por Santa Paula Montal (1799-1889) que quiso llamarse “de San José de Calasanz”, compartiendo el espíritu calasancio-escolapio. Alguien ha dicho que “son en femenino lo que Calasanz fue en masculino”. La santa ha  dejado a sus hijas este novedoso lema y misión para su tiempo: “Quiero salvar las familias enseñando a las niñas el santo temor de Dios”. Pertenecen las escolapias  a la que llamamos “Familia calasancia”, como también las Religiosas Hijas  de la “Divina Pastora” (denominadas “Calasancias”), fundadas por el escolapio Beato P. Faustino Míguez (1831-1925),   así como otras siete Congregaciones religiosas, tres de ellas “femeninas”.

Aparte del  lema debemos también estudiar  el escudo del Papa  Benedicto XVI para descubrir algo de lo que puede ser su programa de vida y lo que puede significar su pontificado a través de  ciertos detalles y matices explicitados voluntariamente  y libremente por él, aunque hayan sido diseñados por el Arzobispo Andrea  Cordero Lanza de Montezemolo, con quien pude tratar en varios de los viajes que realicé  a Jerusalén mientras yo estaba en Secretaría de Estado. Él era Nuncio Apostólico en Israel y Delegado Apostólico en Jerusalén. Su afabilidad, su cortesía y su alta nobleza humana eran características de su acogida a mi persona y a quienes me acompañaban, aunque nosotros no viviéramos en la sede de la Nunciatura Apostólica  sino en la Casa de la Santa Sede “Notre Dame of Jerusalem Center”, cuya gestión ha sido confiada hace unos años por Juan Pablo II al Instituto  de los  “Legionarios de Cristo”. No hace mucho el Arzobispo de Montezemolo ha sido nombrado Cardenal  Arcipreste de la Patriarcal Basílica de san Pablo Extramuros.

De un escrito del mismo Arzobispo aparecido en una revista italiana bajo el título “Nello stemma araldico il programma di vita del nuevo Papa” tomo  los datos referidos al escudo papal  (cfr. “Il Massimalismo per un impegno di vita”, a cura della Federazione del Massimalismo Apostolico del “Movimento pro Sanctitate”, fundado por Mons. Guglielmo Giaquinta, pp. 17-21).

                        El escudo heráldico de Benedicto XVI en su última versión ya papal se compone de tres elementos o símbolos  que hablan de su realidad actual: la mitra sencilla “pontificia” (sustituye a la  tiara, aunque eso sí,  con la indicación de las tres potestades del Sumo Pontífice: sacerdotal -santificadora, jurisdiccional y de Magisterio); las llaves (cruzadas, como la cruz de san Andrés), una  de oro y otra de plata que algún autor interpreta como símbolos del poder espiritual y temporal), típico símbolo del poder dado por  Cristo a san Pedro y a sus Sucesores (cfr. Mt. 16, 19 ); el palio (símbolo totalmente nuevo), típica prenda litúrgica del Sumo Pontífice, que está hecho con pura lana de corderillo (éste, uno o varios,  los bendice el Papa antes de tonsarles todos los años en la fiesta de santa Inés),  que indica el ministerio de ser pastor de la grey a él confiada;  el palio no es solamente el símbo de la jurisdicción  papal  signo también la señal explícita y fraternal  de compartir esta jurisdicción con los Arzobispos metropolitas  y, mediante éstos, con los Obispos sufragáneos.  Es por tanto la señal visible  de la colegialidad y de la subsidiaridad).  

                        El escudo en su interior, en forma de cáliz, contiene otros tres elementos, más personales directamente relacionados con su persona, sus principios, su ideal de vida y tradiciones. Dos de ellos refieren hechos ligados a la tradición y a la que fué sede episcopal del Cardenal Joseph Ratzinger. Un oso moreno, que recuerda cuanto sucedió a un Obispo de Freising S.Corbiniano (680-730) mientras viajaba a Roma en su caballo. Éste fue comido por el oso y el obispo amansa al oso, el cual llevará al Obispo hasta Roma cargando un peso sobre el dorso, que representa el peso del episcopado. El  otro es una cabeza de moro con labios, corona y collar,  antiguo símbolo de la Diócesis de Freising (s.VIII;  en 1818 será elevada al rango de Archidiócesis Metropolita con el nombre de “München und Freising).

 Y en el punto  más noble del escudo hay una gran concha de oro, que tiene un triple simbolismo:  en primer lugar una significación teológica  (cfr. leyenda de san Agustín, simbolismo espiritual,  invitación a conocer a Dios aunque en la humildad de la propia capacidad humana;  en segundo lugar es usada para representar al peregrino:  el Papa quiere mantener  vivo este espíritu siguiendo las huellas de su Predecesor;  la concha  en fin es el símbolo que se halla presente en el escudo del antiguo Monasterio de Scotten, cerca de Regensburg en Baviera, al que Joseph Ratzinger se siente muy espiritualmente ligado. Con estos datos, tú y yo podemos contemplar un poquito mejor a nuestro “inteligentísimo y lleno de ternura” Papa Benedicto XVI. Podemos recordar palabras y gestos de su presencia en la JMJ de Madrid.         

            Para terminar, alguna consideración más.

             Mi larga permanencia en Roma me ha permitido estar muy cerca de los últimos cinco Papas: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Esta cercanía externa me ha llevado a una cercanía de comunión en la misa al rezar el Cánon, por muchos años solamente el “romano” – Plegaria eucarística I- y luego también las 12 nuevas Plegarias eucarísticas: “en comunión con nuestro Papa…” (universalidad de la Iglesia) Yotro tanto se diga de los Obispos: “en comunión con nuestro Papa… y con nuestro Obispo…” (particularidad de la Iglesia). Y como consecuencia, la comunión afectiva y efectiva con el presbiterio diocesano, participando de manera especial en la Misa crismal del Jueves Santo.  A vivir esta realidad y otras eclesiales he sido ayudado por mi pertenencia  “como escolapio” (como tal debo participar)  al Movimiento por un Mundo Mejor”, fundado por el P.Ricardo Lombardi, S.J., promotor de “la espiritualidad de comunión-de las relaciones- del Reino de Dios” propuesta y requerida  por el Concilio Vaticano II, que me ha permitido hallarme en condiciones favorables para ejercitar una no pequeña pastoral “parroquial y diocesana”.

Mi cercanía y comunión con el Papa actual, aparte de cuanto ya dicho y después de su Bendición recibida el pasado día 6 de julio de 2005  en la plaza  de san Pedro –quiera Dios que me acompañe por muchos años- , creo que está favorecida también por el nombre de Benedicto que él ha elegido.

Benedicto XV, gan canonista,  publicó en 1917 el “Codex Juris Canonici”,  que fue el Manual  fundamental durante mis estudios de Derecho Canónico en la Pontificia Universida Gregoriana. Fué también Benedicto XV quien en 1922 instituyó la fiesta de la Sagrada Familia: en el noviciado elegí el nombre de religión “de la Sagrada Familia” aunque también pensaba en aquel entonces en el “de la Santísima Trinidad” (ambos por los aspectos comunitarios). Y Benedicto XIV, también canonista, que escribió la obra de “De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione”  (1734-1738), quien indicó a san José de Calasanz como “el nuevo  Job o Job de la ley de gracia” por cuanto tuvo que sufrir y por el modo como Calasanz llevó  este sufrimiento,  nz, rubricándolo con su afirmación “…pues quiero morir como hijo obediente de la Iglesia” .   (Cfr.  sobre todo los Capítulos  LX-LXIII que llevan por título, respectivamene, “la hecatombe, resignación, in spem contra spem, última enfermedad”   de la Biografía crítica  de san José de Calasanz, escrita por el P.Calasanz Bau, Sch.P. en 1949; también la cuarta parte de la Obra del P. Giner Guerri Severino, Sch.P., san José de Calasanz, Maestro y Fundador, B.A.C. , que lleva por título “El drama final”)

Y un detalle muy elocuente para mi persona y realidad de escolapio.

Las Constituciones y Reglas de la Orden escolapia se leen  en Comunidad varios días a la semana. Durante los 34 años que he trabajado en Secretaría de Estado (42 años de presencia en Roma), el “Cooperator veritatis” de las Constituciones de san José de Calasanz ha estado presente todos los días juntamente con cuanto dice el número 3, precedentemente citado: “Si enim diligenter a teneris annis pueri pietate ac litteris imbuantur, felix totius vitae cursus procul dubio sperandus est” (“Pues si desde la infancia el niño es imbuido  diligentemente en la Piedad y en las Letras , ha de preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida”).

 Esto queda bien visible en la tercera Loggia del Palacio Vaticano,  tantas veces recorrida por mi para ir al trabajo (¡),  en la que las lunetas pintadas por discípulos de Raffaello y quizás retocadas por el mismo Raffaello hablan del desarrollo de la personalidad del hombre desde su niñez hasta el final de su vida: pueritia bona (los niños que van a la escuela y al catecismo…), iuventus bona (luchan contra las tentaciones), virilitas bona (obtienen no pocos éxitos),  senectus bona (alcanzan el dominio y la libertad final) por lo que el ángel les lleva a los cielos, pasando por una participación en la verdadera resurrección. Éstas son  las lunetas positivas pues no faltan otras tantas lunetas negativas que expresan el camino torcido recorrido por quienes comienzan su vida dedicándose al juego y a la diversión.

                        Aunque pueda parecer extraño también aquí en Secretaría de Estado he trabajado  iluminado en mi condición de escolapio por este hecho particular.   Doy gracias a Dios por el tiempo bendito y feliz pasado en estos ambientes procurando obrar  en todos los momentos como “Cooperator veritatis” (cfr. 3 Jn., 8).

                                               Rafael MMXI