Solamente hoy, me he preguntado: ¿cuántas veces digo “Amén” cada día?

Y ¿cuántas veces digo “Aleluya”? Tienen que ser sin  duda numerosísimas las veces que digo  Amén y Aleluya, habida cuenta de los momentos personales y sobre todo de los comunitarios, que tienen como fundamento mi condición de religioso, presbítero y educador. Y tú, quien seas, puedes hacerte la misma pregunta.

La palabra “Amén” significa “esto es firme, sólido, fiel”. Es una palabra hebrea con la que se suelen terminar las oraciones.  Al decir amén manifestamos la convicción de que lo que afirmamos es verdad; que es seguro y digno de confianza; que resiste y podemos apoyarnos en ello. Jesucristo es llamado el amén, el sí definitivo de Dios a todas sus promesas (Ap. 3, 14; 2 Cor. 1, 20).

La palabra “Aleluya” en cambio significa “alabad a Yavé”. Es una exclamación litúrgica que encontramos al principio y al final de muchos salmos de alabanza (Sal. 146-150). En el Apocalipsis aparece como grito de júbilo de los ángeles por el triunfo del bien (Ap. 19, 1-9) s

En la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, también en el Nuevo Testamento, no faltan las expresiones Amén y Aleluya, separadas o juntas.  La Virgen María respondería al arcángel Gabriel, con un profundo y sentido Amén. Así como en la Noche de Navidad, resuena el “Gloria in excelsis Deo”, que no se ha dicho durante el tiempo litúrgico de Adviento, así también en la Vigilia Pascual se da solemnidad al Aleluya, que ha quedado suprimido durante el tiempo de Cuaresma.

Conviene resaltar en la liturgia eucarística la aclamación más importante. Es el gran Amén (Así sea) que el pueblo responde una vez que el sacerdote que preside la Eucaristía haya concluido dicho o cantado el “Por cristo, con él y en él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

Encontrándome en la Biblioteca de la Pontificia Universidad Lateranense, topé con un escrito que me llamó la atención. Se trataba del Retiro espiritual que el P. Almire Pichon, S.J., primer –y último padre espiritual de S. Teresa de Lisieux (de Jesús Niño y de la Santa Faz) tuvo  a las religiosas contemplativas de su Comunidad. No dudo que fuera entonces muy enriquecedor para todas. También lo ha sido para mí y espero que pueda serlo para otras personas. Por eso propongo la parte que se  refiere al Amén y al Aleluya, dejando de lado la temática expuesta sobre *Obediencia, indiferencia, amor. Prudencia, sabiduría, caridad purísima*.  

Dice así el P. Pichon:


* AMÉN es la sumisión, el deber, la conciencia. 
**ALELUYA es la generosidad, la entrega.

* AMÉN es el gesto de paciencia. 
** ALELUYA es la alegría, el gozo.

* AMÉN dice “sí”.
**ALELUYA dice “gracias”.

* AMÉN murmura “así sea”. 
**ALELUYA repite “Deo gratias”.

* AMÉN enjuga el llanto. 
** ALELUYA suscita el entusiasmo.

* AMÉN suscribe todo.
** ALELUYA aplaude todo.

* AMÉN expresa temor. 
**ALELUYA expresa amor.

* AMÉN es la respuesta de la débil razón humana. 
** ALELUYA es la respuesta fuerte del corazón.

* AMÉN es la palabra del siervo.
** ALELUYA es la palabra del hijo.

* AMÉN no retrocede ante la cruz. 
**ALELUYA va más allá.

* AMÉN se resigna al sufrimiento. 
**ALELUYA lo desea.


* AMÉN se postra en adoración. 
**ALELUYA se eleva y transfigura.

* AMÉN acepta el cáliz. 
**ALELUYA besa las manos de quien lo presenta.

* AMÉN es el eco del alma sometida a la cruz. 
**ALELUYA es el grito del alma transportada por la cruz.

* AMÉN es el abandono total de sí a Dios. 
**ALELUYA es el perfecto olvido de sí.

* AMÉN se arroja a los pies de Dios. 
**ALELUYA se recuesta en su Corazón.

* AMÉN vive de Jesús para sí. 
**ALELUYA vive de Jesús para Él.

* AMÉN se confía en las manos de Jesús. 
**ALELUYA se abandona en su Corazón.

* AMÉN es el ofrecimiento de la víctima. 
** ALELUYA es la consumación del holocausto.

Dos palabras, pues, tantas veces repetidas y cuyo significado –éstos u otros- puede hacernos tanto bien, a la vez que favorecer un vivir sencillo y confiado, invitándonos además a considerar atentamente, estudiar, y profundizar cuanto les suele preceder o seguir. Un compromiso por tanto a subir la escala de la caridad expresándola en el servicio a todos y siempre.     

                                                       Rafael MMXI